Páginas

Páginas

sábado, 4 de octubre de 2014

EL CÓNSUL PUBLIO CORNELIO DOLABELA



Publio Cornelio Dolabela procedía de una antigua familia patricia que había entrado en decadencia, una historia bastante habitual. Al igual que otro Cornelio, Sila, Dolabela vivía de su ingenio y poco más. Había pertenecido al Círculo del viejo Clodio en la época en que Clodio y sus jóvenes compinches igualmente desmandados habían escandalizado a los más moderados elementos de Roma con sus actividades. Pero habían pasado casi siete años desde que Nilo asesinó a Clodio en la Via Apia, hecho que representó la disolución de la banda.


Algunos de los seguidores de Clodio llegaron a desarrollar distinguidas carreras públicas: Cayo Escribonio Curio, por ejemplo, había sido un brillante tribuno de la Asamblea de la Plebe al servicio de César y murió en combate justo cuando su estrella estaba en ascenso; Décimo Junio Bruto Albino, más conocido como Décimo Bruto, había pasado de capitanearlas bandas callejeras de Clodio a capitanearlas huestes de César con aún mayor habilidad, y en el presente era gobernador en la Galia Trasalpina; y naturalmente Marco Antonio había tenido tanto éxito bajo el mando de César que ahora era el segundo hombre más poderoso de Roma, el Maestro del Caballo del dictador.


Sin embargo, no había sido así para Dolabela, quien siempre parecía estar en otra parte cuando César distribuía los mejores puestos, a pesar de que había adoptado el bando de César en cuanto se supo que el paso del Rubicón era un hecho.


En muchos sentidos él y Marco Antonio se parecían: grandes, detestablemente egoístas, fanfarrones. Donde diferían era en el estilo; Dolabela tenía modos más suaves. Los dos vivían en una pobreza crónica; los dos se habían casado por dinero: Antonio con la hija de un rico provincial, rico provincial murió en una epidemia, Fabia había permanecido virgen demasiado tiempo para ser una esposa satisfactoria, pero los dos habían salido de sus primeros matrimonios considerablemente más acaudalados. Después Antonio se casó con Antonia, su prima carnal, hija del repugnante Antonio Híbrida; era tan famosa como su padre por torturar esclavos, pero Antonio pronto la obligó a abandonar ese hábito a golpes. Dolabela, en cambio, la segunda vez se casó por amor, con la encantadora hija de Cicerón, Tulia... ¡y qué decepcionante resultó!


Mientras Antonio actuaba como legado mayor de César, llevando el timón en Brindisi y luego al frente de las tropas en Macedonia Grecia, Dolabela comandaba una flota en el Adriático y sufrió una derrota tan ignominiosa que César no volvió a darle otra oportunidad.


En justicia debe decirse que los barcos de Dolabela eran cascarones y la flota republicana se componía de liburnios, los mejores barcos combate existentes. Pero ¿tuvo César eso en cuenta? De tanto Marco Antonio medraba imparable, Publio Dolabela es confundía falto de rumbo.


Su situación llegó a ser desesperada. Había dilapidado hacía ya mucho tiempo la fortuna de Fabia y la dote recibida de Cicerón no duró más que una gota del reloj de agua. Llevando la misma clase de vida que Antonio (aunque a escala más modesta), las deudas de Dolabela fueron amontonándose. Los prestamistas a quienes el libertino de treinta y seis años debía millones empezaron a acosarlo dé manera tan insistente y desagradable que éste apenas se atrevía a dejarse ver en los barrios buenos de Roma.


Cuando César se marchó a Egipto y desapareció de la faz de la tierra, Doblabela descubrió que tenía ante sí la respuesta a sus males desde hacía años: seguiría el ejemplo de Publio Clodio, fundador del Círculo Clodio, e intentaría ser elegido tribuno de la Asamblea de la Plebe. Al igual que Clodio, Dolabela era patricio elegible para ese tentador cargo público. Pero Clodio había soslayado ese obstáculo haciéndose adoptar por un plebeyo. Dolabela encontró a una dama llamada Libia, y procedió a hacerse adoptar por ella. Como plebeyo auténtico, podía presentarse a las elecciones.


A Dolabela no le interesaba utilizar el cargo para fomentar su fama política; su propósito era conseguir que aprobaran una condonación general de deudas. Dada la presente crisis, no era tan absurdo como parecía. Padeciendo las privaciones que una guerra civil siempre acarreaba, Roma estaba llena de individuos y empresas endeudados hasta el cuello, y deseosos de encontrar una manera de salir de su difícil situación sin tener que pagar dinero. Dolabela llevó a cabo una campaña reivindicando la condonación general de deudas, y fue elegido. Le dieron un mandato. Lo que no había tenido en cuenta era la oposición de otros dos tribunos de la Asamblea de la Plebe, Cayo Asinio Polio y Lucio Trebelio, que tuvieron las agallas de vetarlo durante el primer contio que convocó para debatir la medida. Contio tras contio, Polio y Trebelio siguieron vetándolo.


Dolabela echó mano de sus trucos «clodianos» y recurrió a la banda callejera; acto seguido el Foro romano se vio sacudido por una campaña de terror que debería haber llevado a Polio y Trebelio al exilio voluntario. No fue así. Se quedaron en el Foro, se quedaron en la rostra, mantuvieron su tenaz esfuerzo. Veto, veto, veto. No hubo condonación general de las deudas.


Llegó marzo, y en la Asamblea de la Plebe las cosas siguieron en punto muerto. Hasta el momento Dolabela había mantenido a las bandas bajo relativo control, pero era evidente que se requería mayor violencia. Conociendo a Marco Antonio desde hacía mucho tiempo, Dolabela sabía perfectamente que éste se hallaba aún más endeudado que él; también a Antonio le interesaba que se aprobara la condonación general de deudas con carácter de ley.


Dolabela estuvo presente en la Batalla de Farsalia en la que resultó derrotado Pompeyo. Después de esta batalla, Dolabela regresó a Roma, pero no obtuvo ninguna recompensa de César para poder hacer frente a sus deudas y las reclamaciones de sus acreedores continuaron. En apenas dos años Tulia, su esposa, quedó embarazada dos veces y tuvo dos hijos, pero abandonó a su marido cuando esperaba el segundo.


Para obtener el tribunado de la plebe se hizo adoptar por una familia plebeya, los Léntulo. Gneo Léntulo Vatia lo adoptó y por este motivo algunas veces es llamado Gneo Léntulo Dolabela. Así, en 48 a. C. para escapar de las exigencias de sus acreedores, introdujo (en su condición de tribuno de la plebe) un proyecto de ley que exponía que todas las facturas debían ser canceladas, pero encontró una enconada oposición en sus colegas magistrados encabezados por el cónsul Publio Servilio Vatia Isaúrico, y el pretor urbano Gayo Trebonio causando graves disturbios en Roma. César a su vuelta de Alejandría, viendo lo peligroso de dejar a Dolabela en Roma, se lo llevó en la expedición a África e Hispania, donde combatió en la Batalla de Tapso y en la Batalla de Munda, en las que fueron derrotados por completo los republicanos. En esta última campaña fue herido en acción.


César le prometió el consulado para el año 44 a. C., a pesar de que Dolabela tenía tan sólo 25 años de edad, y todavía no había sido pretor, pero después no cumplió lo prometido y se designó a sí mismo como cónsul para ese año. Sin embargo, como ya se había resuelto su campaña contra los partos, César volvió a prometer a Dolabela el consulado en su ausencia, pero Marco Antonio, que era augur, se opuso a este nombramiento y cuando los comicios se llevaron a cabo, llevó su amenaza a la práctica. El Senado tenía que resolver la materia, pero antes de que pudiera tomar una decisión, César fue asesinado en los idus de marzo.


A la muerte de César, Dolabela tomó posesión de las fasces consulares. Dolabela intentó establecer buenas relaciones con Marco Junio Bruto y los otros líderes de la facción optimate para ser confirmado en su puesto. Su suegro Cicerón se alegró de estos supuestos sentimientos republicanos de Dolabela, que le hicieron destruir un altar que se había levantado dedicado a César, y ordenó que las personas que fueran allí con la intención de ofrecer sacrificios a César fueran arrojadas desde la roca Tarpeya, o clavadas en la cruz.



Pero cuando Marco Antonio, su colega en el consulado, le ofreció el gobierno de Siria y el mando de la expedición contra el Imperio Parto, Dolabela cambió de bando una vez más. Como Casio también reclamaba la provincia de Siria, Dolabela abandonó Roma antes de terminar su año de consulado. Su viaje a la provincia de Siria a través de Grecia, Macedonia, Tracia y Asia Menor, estuvo caracterizado por la extorsión, el saqueo y el asesinato del procónsul de Asia Cayo Trebonio que le negó la entrada a la ciudad de Esmirna.


Tras este crimen, Dolabela fue declarado enemigo público y remplazado por Cayo Casio Longino, que le atacó y derrotó en Laodicea en (43 a. C.). Cuando las tropas de Casio entraron en la ciudad, Dolabela pidió a un soldado que le clavara su espada




No hay comentarios:

Publicar un comentario